17 Domingo Tiempo Ordinario

 

Hoy, Jesús nos enseña una oración. Nos dice que perseveremos en
la oración. Y nos alienta con la promesa de que Dios escucha y concede
nuestras oraciones.
Jesús nos enseña a dirigirnos directamente a Dios como Padre.
Escuchamos cinco cualidades en la oración de Jesús. Primero, Jesús nos dice
que Dios es santo. También, buscamos la santidad. Segundo, Jesús nos
asegura que el Reino de Dios—no nuestro reino—vendrá. Tercero, Jesús
nos dice que le pidamos a Dios las necesidades más básicas para la vida.
Ese es “nuestro pan de cada día”. Cuarto, Jesús ofrece perdonarnos
nuestros pecados y exige que perdonemos a los demás. Y quinto, Jesús nos
recuerda orar con profunda humildad. Somos pecadores y necesitamos la
misericordia de Dios.
San Ignacio de Loyola nos enseña que somos creados para alabar,
reverenciar y servir a Dios. Entonces, nuestra oración usa las cinco
cualidades de la oración que Jesús nos enseñó. Santidad. El Reino de Dios.
Necesidades básicas. Perdón. Humildad.
Hagen a Dios—no a nosotros mismos—el centro de nuestras vidas.
Si Dios es el centro de nuestra vida, voluntariamente elegimos o aceptamos
lo que Dios quiere o permite para nosotros. La libertad y la paz provienen
de estar centrados en Dios.
Jesús nos promete: “Porque quien pide, recibe; quien busca,
encuentra, y al que toca, se le abre.”
Llegamos a conocer a las personas hablándoles y escuchándolas. Lo
mismo con Dios. Habla y escucha. Crecemos en fe, esperanza y discipulado
mientras oramos. Per-se-ver-ar en la oración. Confía en que Dios escucha y
concede cada oración, sin excepción. Sin embargo, a veces nuestras
oraciones no son concedidas como las solicitamos o tan pronto como
esperábamos. Aquí hay algunas preguntas y pensamientos para avanzar en
nuestro proceso de oración.
¿Es nuestra pensando en nosotros mismos? Debemos orar oraciones
centradas en Dios.
¿Nuestra oración está tratando de cambiar la mente de Dios? Pídele a
Dios que nos cambie. Nuestra mente, corazón, pensamientos y acciones.
Pedir al Espíritu Santo que guíe nuestro actuar como fiel discípulo de Jesús.
Quizás seremos parte de la respuesta a nuestra propia oración. El Espíritu
Santo guía nuestras acciones en situaciones desafiantes.
¿Es nuestra oración consistente con las enseñanzas de Dios en las
Escrituras y en la Iglesia Católica? Debemos buscar las Verdades de Dios.
Los males en el mundo nos llevarán por mal camino, lejos de Dios. Habla
las verdades de Dios.
Nuevamente, debemos estar centrados en Dios y elegir o aceptar
voluntariamente lo que Dios quiere o permite para nosotros, o para
nuestra familia, amigos, parroquia, comunidad y mundo. Esa aceptación es
a veces un gran desafío, pero debemos confiar en Dios.
Entonces… Ore siempre. Y confiar en Dios.